Hablar de autolesiones es difícil. Es un tema envuelto en tabú, incomprensión y miedo. Pero es precisamente el silencio y el estigma lo que impide que muchas personas —sobre todo adolescentes— reciban la ayuda que necesitan. Como psicóloga sanitaria, creo firmemente que comprender las autolesiones es el primer paso para poder ayudar. Este artículo está dirigido tanto a personas que se autolesionan como a familias que quieren entender y acompañar a sus hijos e hijas.
¿Qué son las autolesiones?
Las autolesiones (o conductas autolesivas no suicidas) son actos deliberados de daño al propio cuerpo sin intención suicida. Las formas más comunes incluyen cortarse la piel, rascarse hasta hacerse heridas, golpearse, quemarse o arrancarse el pelo. Es importante aclarar desde el principio: las autolesiones NO son un intento de suicidio, aunque constituyen un factor de riesgo que hay que tomar en serio.
Los datos indican que entre un 15% y un 25% de los adolescentes han practicado alguna forma de autolesión al menos una vez. La edad de inicio más frecuente se sitúa entre los 12 y los 15 años, aunque puede aparecer antes o después. No es un fenómeno exclusivo de la adolescencia: adultos de todas las edades también pueden presentar conductas autolesivas.
¿Por qué las personas se autolesionan?
La autolesión como regulación emocional
La función principal de la autolesión es la regulación emocional. Cuando una persona experimenta un dolor emocional tan intenso que se siente desbordada —ansiedad extrema, tristeza profunda, rabia incontrolable, sensación de vacío—, la autolesión puede funcionar como una «válvula de escape» que proporciona un alivio temporal. El dolor físico activa mecanismos neuroquímicos (endorfinas) que reducen momentáneamente el malestar emocional.
Otras funciones de la autolesión
Además de la regulación emocional, las autolesiones pueden cumplir otras funciones: sentir algo cuando hay una sensación de vacío o desconexión emocional, expresar un dolor que no se puede poner en palabras, castigarse por sentirse «malo» o «inaceptable», sentir control sobre al menos algo cuando todo parece caótico, o comunicar a los demás la gravedad de su malestar cuando las palabras no parecen suficientes.
Mitos sobre las autolesiones que hay que desmontar
Existen muchos mitos que dificultan la comprensión y la ayuda a las personas que se autolesionan:
- «Lo hace para llamar la atención»: Este es el mito más dañino. La mayoría de personas que se autolesionan ocultan sus heridas por vergüenza. E incluso cuando la autolesión tiene un componente comunicativo, eso no la hace menos real ni menos dolorosa. Si alguien necesita hacerse daño para «llamar la atención», su necesidad de ayuda es urgente.
- «Si se autolesiona, quiere suicidarse»: Como hemos explicado, la autolesión generalmente no tiene intención suicida. Sin embargo, sí es un factor de riesgo que requiere atención profesional.
- «Es una moda entre los adolescentes»: Las autolesiones no son una moda sino una manifestación de sufrimiento real. Trivializarlas impide que las personas afectadas busquen ayuda.
- «Si fuera grave, las heridas serían peores»: La gravedad de la autolesión no se mide por la profundidad de las heridas, sino por el dolor emocional que hay detrás. Cualquier forma de autolesión merece atención y cuidado.
- «Es cosa de chicas»: Aunque las estadísticas muestran una prevalencia ligeramente superior en chicas, los chicos también se autolesionan. El estigma adicional de género hace que los chicos tiendan a ocultarlo aún más.
Señales de alerta en adolescentes
Como padres, educadores o personas cercanas a un adolescente, es importante estar atentos a determinadas señales:
- Llevar siempre mangas largas o ropa que cubra brazos y piernas, incluso cuando hace calor.
- Heridas, cicatrices, moratones o quemaduras que no tienen una explicación clara.
- Encontrar objetos cortantes o punzantes escondidos en la habitación.
- Aislamiento social progresivo y pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban.
- Cambios bruscos de humor, irritabilidad o tristeza persistente.
- Evitar actividades que impliquen mostrar el cuerpo (ir a la piscina, cambiarse delante de otros).
- Manchas de sangre inexplicables en la ropa o las sábanas.
Cómo pueden ayudar los padres y familiares
Descubrir que un hijo o hija se autolesiona es una de las experiencias más angustiantes para una familia. La reacción natural puede ser el miedo, la rabia o la desesperación. Sin embargo, la forma en que respondamos es crucial:
Mantén la calma: Por difícil que sea, evita reaccionar con pánico, ira o castigo. Tu reacción determinará si tu hijo se sentirá seguro para hablarte de lo que le pasa o si se cerrará aún más.
Escucha sin juzgar: No digas «no entiendo por qué te haces esto» o «con todo lo que tienes». Prueba con: «Veo que estás pasando un mal momento y me importa mucho. Quiero ayudarte.»
No obligues a prometer: Pedir a tu hijo que prometa que no volverá a hacerse daño genera más presión y culpa. En lugar de eso, céntrate en encontrar ayuda profesional.
No retires objetos sin más: Confiscar todos los objetos cortantes sin abordar el problema emocional subyacente no soluciona nada: la persona encontrará otras maneras de hacerse daño. Lo importante es tratar las causas.
La terapia infantil y adolescente es fundamental en estos casos, ya que ofrece un espacio seguro donde el adolescente puede explorar sus emociones y aprender estrategias de regulación alternativas.
Abordajes terapéuticos para las autolesiones
El tratamiento de las autolesiones se centra en abordar las causas emocionales subyacentes y enseñar estrategias de regulación alternativas:
- Terapia cognitivo-conductual (TCC): Ayuda a identificar los pensamientos y las situaciones que desencadenan la autolesión y a desarrollar respuestas alternativas.
- Terapia dialéctico-conductual (TDC): Especialmente diseñada para personas con dificultades de regulación emocional, enseña habilidades de tolerancia al malestar, regulación emocional y relaciones interpersonales.
- Trabajo con el trauma: En muchos casos, las autolesiones están vinculadas a experiencias traumáticas no procesadas. El tratamiento del trauma mediante EMDR puede ser muy beneficioso para procesar estas experiencias y reducir la necesidad de la autolesión como mecanismo de afrontamiento.
Un mensaje de esperanza
Si te autolesionas, quiero que sepas que lo que te pasa es importante y que mereces ayuda. No estás «loco/a» ni eres «malo/a»: estás sufriendo y has encontrado la única manera que conoces de gestionar ese dolor. La terapia puede ayudarte a encontrar otras maneras de regular tus emociones sin hacerte daño.
Si eres padre, madre o familiar, no estás solo en esto. Tu preocupación demuestra que te importa, y pedir ayuda profesional es el paso más importante que puedes dar. No dudes en contactarme para iniciar un proceso terapéutico que apoye a tu hijo o hija.