La vida nos presenta inevitablemente situaciones difíciles: pérdidas, enfermedades, fracasos, cambios inesperados. Lo que marca la diferencia en nuestro bienestar no es tanto lo que nos pasa, sino cómo somos capaces de responder. Esta capacidad de hacer frente a la adversidad y adaptarnos es lo que en psicología conocemos como resiliencia. Como psicóloga sanitaria, acompaño a personas en el proceso de descubrir y fortalecer su capacidad resiliente.
¿Qué es la resiliencia?
La resiliencia es la capacidad de una persona para afrontar situaciones adversas, adaptarse a ellas y recuperarse, e incluso salir transformada positivamente. No se trata de una cualidad innata que unos tienen y otros no: es un conjunto de habilidades y actitudes que se pueden desarrollar a lo largo de la vida.
Es importante desmontar un mito frecuente: ser resiliente no significa no sufrir. Las personas resilientes sienten dolor, tristeza, miedo y frustración como cualquier otra persona. La diferencia radica en su capacidad para no quedarse atrapadas en el sufrimiento y encontrar maneras de seguir adelante, integrando la experiencia difícil dentro de su historia de vida.
Factores que determinan la resiliencia
Factores individuales
Diversos rasgos personales se asocian con una mayor resiliencia: una autoestima sólida, la capacidad de regular las emociones, la flexibilidad cognitiva (capacidad de ver las situaciones desde diferentes perspectivas), el optimismo realista, el sentido del humor, la autonomía y la capacidad de encontrar un propósito o sentido a las experiencias vividas. La autoeficacia —la creencia de que uno puede influir en los acontecimientos de su vida— es uno de los predictores más fuertes de resiliencia.
Factores relacionales y sociales
Ninguna persona es resiliente en solitario. La calidad de nuestras relaciones interpersonales es uno de los factores protectores más importantes. Tener al menos una figura de referencia estable y afectuosa durante la infancia, contar con una red de apoyo social, pertenecer a una comunidad y sentirse conectado con los demás son elementos clave. La investigación muestra que las personas con vínculos sociales fuertes se recuperan mucho mejor de las adversidades.
Cómo construir y fortalecer la resiliencia
La buena noticia es que la resiliencia se puede trabajar activamente. Estas son algunas estrategias avaladas por la investigación:
- Cultiva tus relaciones: Invierte tiempo y energía en las relaciones significativas. Pide ayuda cuando la necesites y ofrece apoyo a los demás.
- Acepta el cambio como parte de la vida: La rigidez es enemiga de la resiliencia. Practica la flexibilidad aceptando que algunas circunstancias no se pueden cambiar y céntrate en aquello que sí puedes influir.
- Desarrolla una visión realista y esperanzadora: Evita catastrofizar, pero tampoco niegues las dificultades. El optimismo realista permite ver posibilidades sin ignorar los obstáculos.
- Cuídate físicamente: El ejercicio regular, el sueño adecuado y una alimentación equilibrada son la base sobre la cual se construye la resiliencia emocional.
- Practica la regulación emocional: Aprende a identificar, expresar y gestionar tus emociones. La meditación, la escritura expresiva y la respiración consciente son herramientas muy eficaces.
- Busca el sentido: Las personas que encuentran un propósito o significado en sus experiencias difíciles tienden a recuperarse mejor.
El crecimiento postraumático
Uno de los descubrimientos más fascinantes de la psicología contemporánea es que algunas personas no solo se recuperan de las adversidades, sino que experimentan un crecimiento significativo. El crecimiento postraumático, descrito por los investigadores Tedeschi y Calhoun, puede manifestarse en diversas áreas:
- Una mayor apreciación de la vida y los pequeños momentos cotidianos.
- Relaciones interpersonales más profundas y auténticas.
- Un mayor sentido de la fortaleza personal: «Si superé aquello, puedo con muchas cosas.»
- Descubrimiento de nuevas posibilidades y caminos vitales.
- Cambios en la filosofía de vida y los valores personales.
El trabajo terapéutico con el tratamiento del trauma mediante EMDR puede facilitar este proceso de crecimiento, ayudando a procesar las experiencias adversas e integrarlas de manera saludable.
La resiliencia en los niños
Los niños tienen una capacidad notable de resiliencia cuando cuentan con el apoyo adecuado. El vínculo seguro con las figuras de referencia es el factor protector más importante en la infancia. Los niños y niñas que se sienten queridos, protegidos y escuchados desarrollan una base sólida desde la cual pueden afrontar las dificultades.
Para fomentar la resiliencia infantil, es importante permitir que los niños enfrenten retos adaptados a su edad, en lugar de sobreprotegerlos. Cada pequeño reto superado refuerza su sensación de competencia y autoeficacia. Si tu hijo o hija atraviesa una situación difícil, la terapia infantil puede ofrecer un espacio seguro para procesar las emociones y fortalecer su capacidad resiliente.
Terapia y resiliencia: cuándo buscar ayuda
Aunque la resiliencia se puede trabajar de manera autónoma, hay momentos en los que el acompañamiento profesional es esencial. Si sientes que una experiencia adversa te ha superado, que no consigues recuperarte a pesar del paso del tiempo, o que el dolor emocional interfiere con tu vida cotidiana, es el momento de pedir ayuda.
La terapia psicológica no es un signo de debilidad, sino una herramienta poderosa para activar tus propios recursos resilientes. Desde mi consulta, trabajo con un enfoque integrador que combina diferentes técnicas terapéuticas para adaptarme a las necesidades específicas de cada persona. Si necesitas acompañamiento, puedes contactarme sin compromiso.