Terapia de juego para niños: qué es y cómo funciona

Terapia de juego: manos de niños jugando con figuras de animales de juguete sobre una mesa

«¿Y qué van a hacer, jugar?» Es una de las preguntas que más escucho en la primera entrevista con una familia, aunque a veces no se atreven a hacerla en voz alta. Han venido porque su hijo lleva semanas durmiendo mal, porque las rabietas se alargan cada día un poco más o porque, desde que murió la abuela, la niña está apagada y no quiere hablar de ello. Y la respuesta que reciben es una sala llena de juguetes.

La duda es lógica. Pero para un niño, jugar es la forma más natural de contar lo que le pasa, y usarlo en terapia tiene una base sólida. En este artículo te explico qué es la terapia de juego, cómo es una sesión por dentro, a qué niños puede ayudar y qué papel tienen los padres.

Qué es la terapia de juego

La terapia de juego es un tratamiento psicológico para niños en el que el juego ocupa el lugar que en la terapia de adultos ocupan las palabras. En vez de sentar al niño frente a un adulto y pedirle que explique qué le preocupa, se le ofrece un espacio seguro, con materiales elegidos con cuidado, donde puede expresarlo jugando, a su ritmo y sin sentirse interrogado. La American Psychological Association la recoge en su diccionario de psicología, y la Asociación Británica de Terapeutas de Juego (BAPT) explica que ayuda a los niños a entender sentimientos enredados y experiencias que les han afectado y que todavía no han tenido ocasión de ordenar.

No es ninguna moda. En los años veinte del siglo pasado ya había psicoanalistas que observaban cómo jugaban los niños para entenderlos, y en 1947 la psicóloga estadounidense Virginia Axline publicó «Play Therapy», el libro que dio forma a la terapia de juego no directiva. Hoy se la conoce como terapia de juego centrada en el niño, y sigue siendo la base de muchos de los enfoques actuales.

Por qué el juego es el lenguaje de los niños

Un niño de seis años difícilmente te dirá: «Desde que mis padres se están separando me siento inseguro, y tengo miedo de que un día dejen de quererme». Lo que sí puede hacer es montar una casa de muñecas en la que la familia de muñecos vive repartida en dos casas, o hacer que un animalito se pierda una y otra vez sin que nadie vaya a buscarlo. Los adultos ponemos nombre a lo que sentimos hablando. Los niños, durante muchos años, lo hacen jugando, porque la capacidad de explicar las emociones con palabras se construye poco a poco y el juego llega mucho antes.

El juego también da una distancia que protege. Es mucho más fácil hacer hablar a un león que tiene miedo de quedarse solo que decir «yo tengo miedo de quedarme solo». A través de los personajes, el niño se acerca a lo que le duele sin desbordarse, prueba finales distintos y, a menudo por primera vez, siente que tiene algo de control sobre una situación que en la vida real no controla en absoluto.

La importancia del juego va más allá de la consulta. En un informe de 2018, la Academia Americana de Pediatría recordaba que el juego no es una frivolidad. Ayuda a desarrollar el cerebro y las funciones ejecutivas, las que nos permiten perseguir un objetivo sin distraernos, y cuando un niño vive situaciones adversas es todavía más necesario. El informe incluso animaba a los pediatras a «recetar juego» en las revisiones.

Cómo es una sesión de terapia de juego

Una sesión dura entre 45 y 60 minutos y, siempre que se puede, se hace el mismo día de la semana, a la misma hora y en la misma sala, con los mismos materiales. Esta regularidad ayuda al niño a confiar en el espacio y en la persona que le acompaña, y sin esa confianza el juego se queda en la superficie.

Qué hay en una sala de terapia de juego

Los materiales no se eligen al azar. Muchas salas siguen la clasificación del terapeuta de juego Garry Landreth, que agrupa los juguetes en tres familias:

  • Juguetes de la vida real: una casa de muñecas, una familia de muñecos, una cocinita, coches, un maletín de médico. Sirven para representar lo que pasa en casa, en el colegio o en el hospital.
  • Juguetes para sacar las emociones: espadas de gomaespuma, cojines, figuras de luchadores o de animales feroces. Permiten expresar la rabia o el miedo sin hacer daño a nadie.
  • Materiales para crear: plastilina, pintura, títeres, disfraces y, a menudo, una caja de arena con figuras en miniatura.

A algunos padres les sorprende encontrar una espada o un dragón en la sala. Tiene sentido, porque la rabia también necesita un lugar donde se pueda jugar y entender.

Qué hace la terapeuta durante la sesión

Desde fuera puede parecer que la terapeuta solo mira, pero está muy activa. Sigue el juego, pone palabras a lo que el niño parece sentir («este caballo está muy enfadado») y observa qué temas se repiten y cómo cambian de una semana a otra. También mantiene unos límites claros: en la sala se puede jugar a casi todo, pero no se puede hacer daño a nadie, tampoco a uno mismo, ni romper cosas a propósito. Lejos de cortar el juego, estos límites lo hacen seguro.

Tipos de terapia de juego

No hay una única forma de hacer terapia de juego. Los enfoques se diferencian sobre todo por quién lleva la iniciativa:

  • No directiva o centrada en el niño: el niño elige a qué juega y cómo. La terapeuta le sigue, sin dirigir el juego ni llenar la sesión de preguntas. Es el enfoque de referencia en este campo.
  • Directiva: la terapeuta propone juegos con un objetivo concreto, como aprender a calmarse, practicar habilidades sociales o prepararse para una situación que da miedo. La terapia de juego cognitivo-conductual sería un ejemplo.
  • Con los padres en la sala: algunos modelos hacen jugar juntos a padres e hijos, porque lo que se quiere fortalecer es, precisamente, el vínculo entre ellos. El Theraplay y la terapia filial son dos ejemplos.

En la práctica, la mayoría de terapeutas combinamos enfoques según la edad del niño, el problema y el momento del proceso.

La caja de arena

Uno de los recursos que más sorprende a las familias es la caja de arena: una bandeja con arena, pintada de azul por dentro, y una colección de figuras en miniatura (personas, animales, casas, árboles, puentes, monstruos). El niño construye escenas, pequeños mundos, y la forma en que los monta y los va cambiando con las semanas dice mucho de lo que está viviendo. La terapeuta no le interpreta la escena. Le acompaña y, si el niño quiere, hablan de ella.

A qué niños puede ayudar

La terapia de juego se utiliza con niños que atraviesan situaciones muy diferentes. Algunas de las más habituales son estas:

  • Ansiedad y miedos que no les dejan hacer vida normal: a la oscuridad, a separarse de los padres, a ir al colegio. Si quieres profundizar, tienes una guía sobre la ansiedad infantil.
  • Pérdidas y duelos, como la muerte de un abuelo o de una mascota. Los niños viven el duelo a ratos y, a menudo, jugando, como explico en el artículo sobre el duelo infantil.
  • Cambios y tensiones en la familia: una separación, la llegada de un hermano, un cambio de casa o conflictos familiares que se alargan.
  • Rabietas, ira y problemas de conducta que van más allá de lo esperable por la edad.
  • Experiencias difíciles o traumáticas, como un accidente, una hospitalización o haber presenciado violencia.
  • Timidez extrema o dificultades para relacionarse, incluidos los niños que no hablan fuera de casa, como ocurre en el mutismo selectivo.
  • Baja autoestima o problemas en el colegio que afectan a cómo se ve a sí mismo.

La BAPT añade un matiz que conviene tener presente. Como la terapia de juego puede remover emociones profundas, el niño necesita tener alrededor adultos lo bastante estables para sostenerle mientras dura el proceso. Si la familia está en medio de un cambio muy grande, como una mudanza, un cambio de colegio o de cuidadores, a veces es mejor esperar un poco o empezar trabajando con los padres.

A partir de qué edad se hace terapia de juego

Se utiliza sobre todo con niños de entre 3 y 12 años, aproximadamente. Con los más pequeños, de 3 o 4 años, el juego es casi la única vía de entrada, y el trabajo con los padres pesa mucho. Hacia los 8 o 9 años los niños ya pueden hablar más de lo que les pasa, y en las sesiones se mezclan juegos de mesa, dibujos o cuentos con ratos de conversación. Con los preadolescentes el juego se vuelve más estructurado, pero sigue siendo útil, porque una partida de cartas puede abrir conversaciones que, cara a cara, no saldrían nunca. Antes de los 3 años, lo más habitual es trabajar sobre todo con la familia.

¿Funciona? Lo que dice la investigación

La terapia de juego tiene más estudios detrás de lo que mucha gente cree. Una revisión de 93 estudios controlados (Bratton y colaboradores, 2005) concluyó que es eficaz, y que los resultados eran mejores con los enfoques humanistas y cuando se implicaba a los padres. Un análisis posterior de 52 estudios sobre la terapia de juego centrada en el niño, publicados entre 1995 y 2010 (Lin y Bratton, 2015), encontró un efecto moderado.

Eso no quiere decir que sirva para todo ni que sea siempre la primera opción. Para algunas dificultades hay tratamientos con más investigación acumulada. En el trauma infantil, por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma es la que tiene más respaldo. Por eso, en la práctica, el juego suele combinarse con otras herramientas, y la elección depende de cada niño.

La terapia de juego no es «solo jugar»

En casa puedes jugar mucho con tu hijo, y es una de las mejores cosas que puedes hacer por él. Pero no es lo mismo que la terapia de juego. La BAPT distingue entre el juego terapéutico, que puede ofrecer cualquier adulto que acompaña a un niño, y la terapia de juego propiamente dicha, que realiza un profesional formado, con un marco teórico y un proceso estructurado. La diferencia está en la mirada: saber qué puede significar que un niño entierre siempre la misma figura en la arena, cuándo dejar fluir un juego y cuándo ponerle un límite, y cómo conectar lo que pasa en la sala con la vida de cada día.

El papel de los padres

Aunque las sesiones sean con el niño, la familia es una pieza central del proceso. Normalmente se empieza con una entrevista con los padres, sin el niño, para entender qué pasa, desde cuándo y cómo es su vida. Después hay encuentros periódicos de seguimiento para explicar a los padres cómo va, qué temas están saliendo y cómo pueden acompañar al niño en casa.

Hay una parte que a veces cuesta aceptar, y es que la terapeuta no contará cada detalle de lo que el niño hace en la sala. Se comparten los temas y los avances, pero el contenido concreto del juego es suyo, y esa confidencialidad es lo que le permite jugar con libertad. Por la misma razón, es mejor no someterle a un interrogatorio cuando sale («¿Qué has hecho? ¿Qué te ha preguntado?»). Si quiere hablar de ello, ya lo hará. La única excepción está clara: si hay algún riesgo para él o para otra persona, la familia lo sabrá enseguida.

También conviene saber que, durante algunas semanas, el niño puede estar más sensible o más intenso fuera de las sesiones, e incluso dar pasos atrás, como volver a pedir dormir contigo. No significa que la terapia vaya mal; a menudo es señal de que se están moviendo cosas. Coméntalo en los encuentros de seguimiento.

Cómo explicarle a tu hijo que va a ir a terapia de juego

Dile la verdad, con palabras sencillas y sin dramatismo. Por ejemplo: «Vamos a ir a ver a una psicóloga. Es una persona que ayuda a los niños cuando hay cosas que les preocupan o que les hacen sentir mal, y en su sala hay muchos juguetes». Evita presentarlo como un castigo («si no te portas bien, te llevaré a la psicóloga») o como un secreto que no se puede contar a nadie. También hay cuentos pensados para este momento, como «Mi primer libro de terapia», de Marc A. Nemiroff y Jane Annunziata.

Cuánto dura la terapia de juego

Depende del niño, de la dificultad y del tiempo que lleve. Cuando el problema es concreto y reciente, el proceso puede ser corto, de pocos meses. Cuando hay experiencias difíciles de fondo o varias dificultades a la vez, suele ser más largo. Al principio se marcan unos objetivos y se revisan periódicamente con la familia. Los cambios no llegan de un día para otro. Primero el niño tiene que sentirse seguro en la sala y con la terapeuta, y a partir de ahí el juego empieza a hacer su trabajo.

Cuándo conviene consultar

No hace falta esperar a que el problema sea grave. Vale la pena pedir una valoración si tu hijo o hija:

  • Lleva semanas triste, irritable o con miedos que antes no tenía.
  • Tiene rabietas o reacciones agresivas cada vez más frecuentes y no sabes cómo frenarlas.
  • Ha vuelto a hacer cosas que ya había superado, como hacerse pis en la cama o hablar como un bebé.
  • Duerme o come mucho peor, o se queja a menudo de dolor de barriga o de cabeza sin causa médica.
  • Ha vivido una pérdida, una separación o un susto y no se recupera.
  • Repite una y otra vez el mismo juego, siempre con el mismo final angustiante.
  • En el colegio te dicen que algo no va bien, o no quiere ir.

Muchos padres tardan en pedir ayuda porque temen que se les culpe de lo que le pasa al niño. Sentirse responsable forma parte de cuidar a alguien. Y el hecho de querer entender qué le ocurre ya es, en sí mismo, una forma de ayudarle.

Terapia de juego en Igualada

En la consulta de Igualada utilizo la terapia de juego con niños y niñas, y combino el juego libre, la caja de arena y actividades más dirigidas según lo que necesita cada niño. Antes de empezar me reúno con la familia, y durante el proceso hacemos encuentros de seguimiento para que sepas cómo va y cómo puedes ayudarle en casa. Las sesiones de juego se hacen en la consulta, porque la sala y los materiales forman parte de ellas; el seguimiento con los padres, si te va mejor, también puede hacerse online. Trabajo en catalán y en castellano, como psicóloga sanitaria. Tienes más información en la página de terapia infantil y en la de sesiones presenciales en Igualada.

Si hace tiempo que tu hijo no está bien y no sabes por dónde empezar, contacta conmigo. En una primera conversación, sin compromiso, valoraremos si la terapia de juego es lo que necesita o si hay una forma mejor de ayudarle.

Preguntas frecuentes sobre la terapia de juego para niños
Preguntas Frecuentes

Preguntas Frecuentes

Es un tratamiento psicológico para niños que utiliza el juego como principal vía de comunicación. En un espacio seguro y con materiales elegidos, el niño expresa jugando lo que todavía no sabe decir con palabras, y una terapeuta formada le ayuda a entenderlo y a encontrar formas más sanas de gestionarlo.

Se utiliza sobre todo entre los 3 y los 12 años, aproximadamente. Con los más pequeños el juego es casi la única vía y el trabajo con los padres pesa mucho; a medida que crecen, se añaden juegos de mesa, dibujo y ratos de conversación.

Dura entre 45 y 60 minutos y se hace a la misma hora y en la misma sala cada semana. El niño juega con juguetes elegidos (una casa de muñecas, figuras, títeres, plastilina, una caja de arena) y la terapeuta le sigue, pone palabras a lo que siente y mantiene unos límites que hacen que el espacio sea seguro.

No hay un número fijo de sesiones. Cuando el problema es concreto y reciente, pueden bastar unos meses; cuando hay experiencias difíciles de fondo, el proceso suele ser más largo. Los objetivos se revisan periódicamente con la familia.

Sí. Hay una entrevista inicial con los padres y encuentros de seguimiento para explicarles cómo va y cómo pueden ayudar en casa. El detalle de lo que el niño hace en la sala se mantiene confidencial, para que pueda jugar con libertad, pero se comparten los temas y los avances.

Sí, tiene respaldo científico. Una revisión de 93 estudios controlados concluyó que es eficaz, con mejores resultados cuando se implica a los padres. Eso no quiere decir que sirva para todo: la terapeuta valora en cada caso si es la opción adecuada o si conviene combinarla con otros tratamientos.